Pruebas de coches
Prueba: Citroën C4 Cactus BlueHDI 100, mucho diseño y mínimo consumo
21/10/2014
Diferente a todos
No es fácil posicionar al C4 Cactus. Por versatilidad, confort y espacio puede ser una alternativa a las versiones menos potentes de los tradicionales compactos, como el mismísimo Citroën C4. Pero por estética y por su mayor altura libre al suelo juega también en la cada vez más competida liga de los SUV pequeños, donde se ve las caras con coches como el Renault Captur o el Peugeot 2008, por ejemplo
Con 4,16 metros de largo, 1,73 de ancho y 1,48 de alto, el C4 Cactus es más corto y estrecho que el C4. A pesar del nombre, su plataforma deriva de la que utiliza el Citroën C3.
En los dos casos Citroën apunta como principales argumentos de compra el diseño, la sencillez y el precio. Pero el C4 Cactus es mucho más que un coche original, y su simplicidad a la hora de prescindir de algunas funcionalidades o elementos de equipamiento no le impide ofrecer un comportamiento dinámico, una seguridad o un contenido tecnológico acorde con lo que los usuarios demandan hoy en día.
No, no te equivoques, no estamos ante un coche barato o "low-cost", y eso se nota al conducirlo... y en el precio. Y es que una vez hacemos números y lo comparas con sus rivales (y aquí hemos cogido a los SUV pequeños mencionados antes), tampoco es tan barato: viene a costar lo que un Peugeot 2008 o un Renault Captur con un motor y un equipamiento similar. Los descuentos decidirán.
Los faros "rasgados" son una característica distintiva del C4 Cactus.
¿A quién va dirigido el Citroën C4 Cactus? Pues además de a los que se sientan atraídos por su diseño, a los que busquen un coche cómodo para el uso diario y que gaste muy poco. Desde un primer coche para los más jóvenes a la opción asequible para los que quieren un turismo algo más alto y compacto para moverse por ciudad pero capaz y de largo recorrido los fines de semana, o ese segundo coche en familias con hijos que sirve para todo.
Los Airbumps del C4 Cactus: ande yo protegido...
Si has visto el anuncio del C4 Cactus en televisión, seguro que más allá de su estética te han llamado la atención sus "Airbumps", unas protecciones plásticas que recorren la carrocería, las de las puertas además con una especie de colchones de aire. Su función es la de proteger el vehículo de los típicos arañazos, roces y golpes que se producen, por ejemplo, en los aparcamientos. Y como hemos podido comprobar cumplen bien su función, aunque habrá que ver cómo envejecen estas protecciones con el paso del tiempo. Según Citroën, conservan su estética original toda la vida del coche, aunque de no ser así siempre queda la opción de cambiarlos.
Los Airbumps son unas protecciones de plástico rellenas con aire que cubren gran parte de la carrocería, y la protegen de pequeños golpes y arañazos. Son reemplazables, y se puede elegir entre cuatro colores diferentes.
Los Airbumps vienen de serie con todos los C4 Cactus, y son en color negro –me habría gustado ver cómo quedaría estéticamente un C4 Cactus todo "en chapa", sin las protecciones– , aunque opcionalmente por 100 euros se puede elegir entre otros tres colores, duna, chocolate o gris. Esta es una más de las múltiples posibilidades de personalización que ofrece Citroën para el C4 Cactus, además de los diez colores de carrocería (normales, metalizadas o perladas), los tres ambientes o decoraciones para el interior (negro, marrón y púrpura) y las llantas, que van desde 15 hasta 17 pulgadas.
Una gama compleja en acabados y versiones
Eso sí, una vez te decidas por un C4 Cactus tendrás que estudiarte bien el catálogo de versiones con los equipamientos y el precio, y a buen seguro incluso así te tocará acudir al configurador de Citroën o poner a prueba al comercial en el concesionario, porque la gama es un poco... dejémoslo en compleja.
Convencerá o no por su diseño, pero hay algo que es innegable: el C4 Cactus es una propuesta diferente... y gasta realmente muy poco.
Tiene demasiadas variantes de acabado – Live, Feel Fine, Feel, Business, Feel Cool, Shine y Shine Edition Urban –, algunas de ellas muy próximas entre sí en precio y dotación de serie, diferenciadas únicamente por pequeños elementos de equipamiento. Y luego están las ediciones especiales –Feel Silver, y Feel Hello–, las series de lanzamiento Shine Urban y Shine Moonlight o el acabado exclusivo Millenium... Un auténtico lío para el comprador. Y como entran en juego detalles de personalización, también es difícil recomendar un acabado mínimo, aunque a partir del Feel ya será difícil que eches en falta equipamiento adicional más allá de lo que consideramos realmente imprescindible o una dotación mínima.
Las barras en el techo le confieren un cierto aspecto SUV, pero hacen ruido aerodinámico.
En cuanto a los precios, la oferta actual es de 1.600 euros –hasta 2.600 con Plan PIVE–, y conviene recordar que Citroën ofrece además la posibilidad de adquirir el C4 Cactus mediante un sistema tradicional de renting aplicado a clientes particulares sin necesidad de ser autónomos o empresa, y otro sistema por uso, en el que se puede fijar una cuota en función del kilometraje.
El Citroën C4 Cactus por dentro
Ya he dicho antes que en el caso del C4 Cactus, sencillo no quiere decir "low-cost". En Citroën han simplificado algunos elementos teóricamente para contener el precio final, pero manteniendo un nivel de acabado y unas posibilidades de equipamiento que en ningún momento recordarán a un coche barato.
La pantalla táctil de 7 pulgadas preside el salpicadero, y desde ella se maneja la climatización, el navegador o el equipo de audio. Bajo la pantalla se mantienen algunos botones para funciones auxiliares como la luneta térmica o la ayuda al aparcamiento.
Por ejemplo, no tiene asideros en el techo, las ventanillas traseras son de apertura de compás, los elevalunas eléctricos con cuentan con función de un solo toque, las puerta no llevan juntas de goma dobles, no hay luces de cortesía en los parasoles... Pequeños detalles que ayudan a reducir la factura final, pero que no empobrecen la sensación de calidad y buena terminación que ofrece el C4 Cactus cuando accedes a su interior. Los plásticos del salpicadero y los guarnecidos son duros, pero no dan aspecto de coches que presumen de "low-cost" –piensa en el Dacia Sandero y acertarás–, el tacto o la percepción visual resultan agradables, y parece bien terminado, sin fallos de ajuste y con un buen aislamiento tanto aerodinámico como del asfalto.
Guantera de gran capacidad, gracias a que el airbag del pasajero se despliega desde el techo. Incluye toma USB y una entrada auxiliar para equipos de audio.
Las pantallas digitales predominan en un salpicadero de diseño muy limpio, sin apenas botones. Tras el volante está la de la instrumentación, que no puede ser más simple, pues no incluye ni cuentavueltas ni indicador de temperatura del agua, aunque a cambio se lee muy bien el indicador de marcha recomendada. En la consola central, desde la pantalla táctil se manejan las principales funciones del coche, lo que presenta una pequeña pega: obliga a apartar la vista de la carretera para desplazarse por algunos menús –y salir de uno de ellos para entrar en otro–, por ejemplo, para ajustar la climatización si tienes el navegador o la radio funcionando. Desde un satélite tras el volante sólo se puede controlar el equipo de audio.
Los asientos delanteros parecen auténticos butacones. Lo mejor no solo es que son cómodos, sino que sujetan el cuerpo más de lo que parece.
La postura al volante se encuentra fácilmente aunque sólo es regulable en altura, y los asientos, con aspecto de auténticos "butacones", son cómodos y sujetan más de lo que parece. Sólo en las versiones con cambio automático se libera la zona entre los dos asientos delanteros y se añade un "postizo" que da la sensación de que en vez de dos asientos llevas una banqueta corrida, aunque es una solución más decorativa que práctica, pues pierdes el pequeño hueco que queda para dejar objetos junto a la palanca del freno de mano, y no es que en cuestión de huecos para vaciarnos los bolsillos vaya el C4 Cactus muy sobrado.
Lástima que la banqueta trasera no se desplace longitudinalmente, aunque el espacio para las piernas es muy bueno. De su categoría, son las mejores si tienes que acomodar tres personas.
En cuanto a espacio, el C4 Cactus está muy bien aprovechado para sus compactas dimensiones exteriores. La cota menos buena es la altura, pero hasta 1,80 metros de altura los ocupantes no tendrán problemas con el techo, y tanto por anchura como por espacio para las piernas estamos ante un coche que da sensación de amplitud. Los 350 litros de capacidad de maletero es una buena cifra, aunque en el lado negativo el borde de carga queda algo alto, y no ofrece la flexibilidad de uso que dan unos asientos traseros abatibles por partes asimétricas.
Formas regulares y más de 350 litros para un maletero muy aprovechable, que esconde bajo el piso una rueda de repuesto de emergencia.
Aquí, todo o nada, pues el respaldo trasero es de una sola pieza, y para abatirlo hay que tener ayuda o liberar primero los dos bloqueos por separado, uno de cada lado. Los ganchos de sujeción para la carga parecen algo frágiles, y bajo el piso queda hueco para el kit antipinchazos o para una rueda opcional (hasta 185-65/15), por un precio de 80 euros.
Por detrás del volante, que sólo se ajusta en altura, la instrumentación se ofrece en una pantalla digital muy sencilla, que carece incluso de cuenta revoluciones.
En el equipamiento no encontrarás ni en opción algunos elementos ya estandarizados en esta categoría como la alerta por cambio involuntario de carril o los faros de xenón –los de serie alumbran bastante bien–, pero tampoco echarás en falta nada de lo realmente imprescindible, desde climatizador hasta navegador, bluetooth o cámara de ayuda al aparcamiento. Una cosa que no me ha gustado es que el techo solar panorámico no tenga cortinilla. Según Citroën está compuesto de distintas capas aislantes de la radiación, pero durante nuestra prueba en uno de esos días de calor del mes de agosto echamos en falta en más de una ocasión poder ponérselo algo más difícil al sol.
Comportamiento dinámico del Citroën C4 Cactus
Por fuera será diferente, pero al conducirlo el C4 Cactus se muestra como cualquier otro coche de su categoría, con dos cualidades que destacan por encima de las demás: lo confortable que resulta por cómo trabajan las suspensiones –podría mejorar todavía más con un mayor aislamiento acústico, sobre todo en lo referido a la aerodinámica–, y lo poco que consume.
Cómodo de suspensión, incluso con neumáticos anchos, el C4 Cactus se mueve mejor en autopistas y autovías.
El "apellido" es C4, pero en realidad el C4 Cactus no utiliza la ligera plataforma modular estrenada en el C4 Picasso y que también lleva el nuevo Peugeot 308. Ni siquiera se recurre a la del actual C4. Siguiendo ese planteamiento que busca la sencillez constructiva para abaratar costes la base mecánica es la del Citroën C3, aunque se ha aumentado la distancia entre ejes –hasta los 2,60 metros, curiosamente casi la mima que un C4– y también el ancho de vías.
Una vez al volante, y con el paso de los kilómetros el C4 Cactus tiene una pisada y un tacto que están más cerca de un C4 que de un C3. Es un coche cómodo y que transmite confianza –lo hemos probado con neumáticos GoodYear Efficientgrip en medida 205/50-17–, pero que por tacto de la dirección o movimientos de la carrocería invita a conducir de forma relajada y tranquila, sobre todo cuando llegan las curvas.
Un efecto positivo de su ligereza es que los motores, como veremos más adelante, rinden muy bien. El otro es que también los frenos ofrecen un rendimiento magnífico, por tacto, potencia y por distancias de parada.
Motores del C4 Cactus: no es cuestión de precio
En lo que llegan motores de gasolina más potentes, como la versión turboalimentada del 1.2 de tres cilindros con 110 CV, y puesto que el VTi de 82 CV se me antoja un mínimo algo justo para todo lo que no sea moverse exclusivamente por ciudad, lo mejor es desviar la mirada a las versiones diésel. Y aquí tenemos el 1.6 e-HDI de 92 CV, asociado exclusivamente a la caja de cambios robotizada ETG6, o el BlueHDI con 100 CV sólo con cambio manual de cinco marchas.
La elección entre uno y otro no la marcará el precio (apenas 100 euros a igualdad de equipamiento), pero tampoco el rendimiento, pues los dos ofrecen prestaciones muy similares y gastan muy poco.
Con el C4 Cactus BlueHDI hay que tener en cuenta dos cosas. La primera es que sólo tiene cinco marchas, con un cambio de tacto más bien lento y desarrollos muy largos; este motor rendiría mucho mejor con un cambio de seis marchas, las primeras más cerradas entre sí. Haciendo uso del cambio cuando se necesita las prestaciones son más que correctas, y en cualquier caso el consumo es bajísimo –es muy fácil acercarse a los 5 l/100 km reales casi sin proponérselo– con un funcionamiento suave y sin ruidos ni vibraciones.
Lo segundo es que para cumplir la norma Euro6 el BlueHDI cuenta con un catalizador suplementario antes del filtro de partículas que utiliza aditivo AdBlue para reducir los óxidos de nitrógeno. Es un motor más "limpio", pero ya sabes, a la larga es un elemento más susceptible de averías, y la dependencia del Adblue, cuyo depósito de 17 litros se repone en cada intervención de mantenimiento.
Por todo ello conviene no perder de vista la versión e-HDI de 92 CV, que tiene como único aspecto negativo que la caja de cambios robotizada requiere hilar fino con el pedal del gas y ayudarse con el freno en maniobras de aparcamiento para realizar ese último "ajuste". Por lo demás, aunque no sea especialmente rápido, es un cambio totalmente recomendable, y una alternativa que conviene considerar y probar antes de decidirse por el BlueHDI.
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