Pruebas de coches
Prueba: Mazda 3 2.0 Skyactiv, ¿y por qué no un gasolina?
20/03/2014
Cada vez son más las alternativas de gasolina a los motores turbodiésel, sobre todo en los segmentos más pequeños, donde aparecen nuevas generaciones de mecánicas de baja cilindrada –e incluso de dos y de tres cilindros– que cuentan con la ayuda de la sobrealimentación. Pero el nuevo Mazda3 sorprende con una propuesta inusual en los tiempos que corren: nada de turbo ni "downsizing", un buen 2 litros muy suave y refinado, como el resto del coche... y con consumos "casi" de Diesel.
Sí, Mazda se ha superado con la nueva generación del Mazda3, configurando un coche que destaca por diseño, tacto refinado, comportamiento dinámico y relación calidad/precio. Su motor Diesel de 2,2 litros y 150 CV de potencia es todo un ejemplo en rendimiento y suavidad de respuesta –aunque en el Mazda CX-5 ha dado algún quebradero de cabeza a sus usuarios con el filtro de partículas–, pero en Mazda todavía no disponen de motores Diesel pequeños, que es lo que más demandan los usuarios en esta categoría.
A cambio, y mientras llega un futuro 1.6 turbodiésel, Mazda cuenta con una interesante versión de gasolina capaz de gastar casi tan poco como un Diesel según cifras homologadas... y muy poco en términos generales en una utilización real comparado con otros motores de potencia similar. Y no me refiero al 1.5 Skyactiv-G de 101 CV, que todavía no he probado, sino al 2.0 de 120 CV –también existe una variante de este último con 165 CV–, que a igualdad de acabado cuesta 800 euros más que el 1.5, y me atrevo a decir que merece la pena la inversión sin haber probado el motor "pequeño", que sólo elegiría si fuese a utilizar el coche principalmente por ciudad.
Motor 2.0 Skyactiv: suave, eficiente... y sin turbo
¿Qué puede hacer un motor como este frente a los turbodiésel de esta categoría, que se mueven en torno a 1.6 y 2 litros de cilindrada y con potencias entre 105 y 130 CV? Pues más de lo que parece. Sencillamente creo que estamos ante el mejor motor de gasolina sin turbo en esta categoría de potencia.
Seguro que quieres saber cuánto gasta "de verdad" el Mazda3 2.0, y cuánto se aleja de los 5,1 l/100 km homologados que anuncia de media. Pues poco, porque los 6,5 l/100 km reales están a su alcance, si bien es cierto que para ello tienes que conducir de forma muy suave, mientras que esos consumos en un turbodiésel prácticamente salen solos.
Una ventaja adicional frente a motores de gasolina más pequeños y con turbo es que este 2.0 atmosférico de Mazda puede gastar tan poco como ellos practicando una conducción eficiente, pero el consumo no es tan sensible al ritmo de viaje o al estilo de conducción, y no se dispara cuando aprovechas la potencia disponible.
Al final, en nuestra prueba del Mazda3, el consumo medio se quedó en 7,6 l/100 incluyendo todo tipo de uso: autopista, carretera de montaña a buen ritmo, ciudad... Y aquí una nueva sorpresa: el funcionamiento del start-stop de este Mazda me parece de lo mejorcito –junto al que utiliza PSA (Peugeot-Citroën)– por rapidez, suavidad y por lo poco que interfiere en la conducción.
Buen comportamiento y ese "tacto" de gasolina que se agradece
En cuanto a prestaciones y funcionamiento, el motor del Mazda3 empuja desde abajo incluso en marchas intermedias con fuerza suficiente como para no tener que ir pendientes de un cambio que, dicho sea de paso, ofrece un tacto magnífico.
No esperes ese agradable empuje a medio régimen de los motores turbo, ya sean los nuevos gasolina o los turbodiésel. Pero tampoco es de esos gasolina atmosféricos "puntiagudos" que hay que llevar siempre muy alto de vueltas. Y si lo haces, responde empujando con energía hasta el corte, y el ruido no resulta molesto ni incómodo. Es el motor ideal para aquellos que echan de menos el ese tacto suave y refinado de los motores de gasolina de antes de que entrasen en vigor las medidas anticontaminantes, sin tener que pagar un elevado precio en consumo.
Interior, precio y equipamiento
Por lo demás, el Mazda3 no sólo es un coche que llama la atención por su estética, con ese aire de distinción y exclusividad que otorga ser un coche poco visto. Para sus dimensiones exteriores –es más grande que la mayoría de sus rivales– no resulta especialmente amplio por dentro, pero cumple sin problemas, lo mismo que en capacidad de maletero, aunque a costa de sacrificar la rueda de repuesto, pues de serie lleva kit antipinchazos.
Tiene un puesto de conducción magnífico, por diseño de asientos, disposición de los controles, posibilidades de ajuste de volante y asientos, calidad percibida y, sobre todo, el tacto que transmite el funcionamiento de todos los mandos. Destaca el control centralizado HMI mediante un botón giratorio en la consola central, por detrás de la palanca de cambios. Y por fin la pantalla multimedia puede ser de un buen tamaño, algo que siempre echábamos en falta en el anterior Mazda3.
Existen dos tipos de pantallas, una monocroma con botones para el manejo de las funciones, y la de nuestra unidad de pruebas, que es a color, táctil y que se puede controlar también desde el mando central. También hay dos tipos de instrumentación, según se trate de las versiones Pulse o Style por un lado, y el Luxury por otro, en el que el reloj central lleva el cuentarrevoluciones y la velocidad se presenta de forma digital.
En cuanto al precio, el Mazda3 no es un coche caro, más bien está siempre entre los más asequibles si lo comparamos con rivales de potencia y tamaño similar. En concreto, tienes un 2.0 de 120 CV con el acabado Style desde menos de 19.000 euros, descuentos incluidos. Puede llevar ayudas a la conducción como el control de crucero activo, sistema anticolisión con control de distancia o alerta por cambio involuntario de carril, aunque –y este es de los pocos puntos criticables– sólo como opción en el nivel de equipamiento superior.
No hay mucha flexibilidad a la hora de equipar opciones, pero viene bien considerar el paquete Confort+Visual, que por 1.500 euros añade sensor de lluvia y luces, sensor de parking, faros bixenon y luces diurnas LED.
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