Pruebas de coches
Prueba: Renault Mégane 1.5 dCi EDC
27/10/2010
En una presentación en su fábrica de Valladolid, Renault nos ha dado la oportunidad de probar uno de los modelos su gama de vehículos con emisiones menores de 120 gr/km de CO2, el Mégane 1.5 dCi con la caja la nueva caja EDC de seis velocidades y con doble embrague pilotado.
La caja EDC (Efficient Dual Clutch) no es la típica caja automática con convertidor de par, sino que cuenta con dos embragues aunque robotizados –lo que elimina el pedal de embrague-, uno para el eje secundario de las marchas impares y otro para el de las pares y la marcha atrás. Es un sistema similar al popularizado con éxito por el Grupo VW y que también se ve en marcas como BMW, Mitsubishi, Nissan o Ferrari.
Lo mejor que tiene este tipo de caja es que los cambios son ultra-rápidos ya que además de la marcha engranada hay siempre otra preseleccionada (una más de la engranada al acelerar y una menos al soltar el acelerador). En el momento del cambio el sistema mueve los embragues a gran velocidad, reduciendo las fricciones y aumentando la suavidad de cambio. Esto crea una sensación de empuje continuo al acelerar que aumenta el confort y las prestaciones frente a un cambio automático convencional.
El conductor puede gobernar el cambio si lo desea, pero en el caso del Mégane sólo puede hacerse con la palanca central al no poseer levas para subir y bajar junto al volante. La caja EDC está disponible de momento sólo con el motor 1.5 dCi -fabricado en Valladolid- pero pronto aparecerá en más motores diesel de la marca y modelos de la Alianza Renault-Nissan.
Las sensaciones del cambio automático EDC
El Renault Mégane con cambio automático EDC se comporta en todo momento como cualquier coche automático, pero con una suavidad y comodidad aumentadas, así como una mayor rapidez de funcionamiento al no tener el patinaje de marchas típico de los convertidores de par. En ningún momento se ha buscado un carácter dinámico, algo fuera de lugar al estar la caja unida al ahorrador motor de 1.461 cm3 diesel de 110 CV. Las premisas han sido la comodidad y la eficiencia, y se nota. Al acelerar el coche cambia de marcha, pero el conductor sólo siente el cambio de ruido y de revoluciones, sin notar pausas en la aceleración. En las frenadas tampoco se notan los cambios, ya que estos se producen a muy bajas revoluciones, aunque no tan rápido como en aceleración.
La caja EDC ofrece entonces la comodidad de utilización de un cambio automático (40% menos de maniobras en la conducción), pero con una mayor suavidad y calidad de uso. La caja permite además aprovechar el motor 1.5 dCi con plenitud, que como todos los diésel tiene un régimen de giro ideal muy concreto. Si se mantiene entre 1.500 y 3.500 rpm ofrece un par muy aprovechable, con un máximo de 240 Nm a 1.750 rpm. Al cambiar la EDC con tanta rapidez nos evitamos tener que buscar constantemente ese margen de utilización y sin agravar el consumo.
Y es que la caja EDC mejora ligeramente el consumo en carretera frente al manual, mientras que un automático normal lo aumentaría, llegando a un consumo homologado extraurbano de 3,9 l/100 km. Hay varias razones, una es que al no patinar las marchas el coche se acelera lo justo para moverse como ocurre en un manual. Otra es que al haber espacio para seis marchas como en el manual los desarrollos están mejor ajustados. En ciudad sin embargo no consigue igualar los consumos del manual, pero la media final se queda igual que la de éste en 4,4 l/100 km, y con unas emisiones de 114 gr/km de CO2 se queda fuera del impuesto de matriculación. Es decir, que el consumo combinado no se ve afectado, por lo que habrá que elegir o no la caja EDC simplemente por términos de comodidad de uso.
…¿y el resto del coche?
Nos decantemos o no por la caja EDC, el Mégane de esta última generación es un coche con un comportamiento preciso y confortable. La carrocería ganó tamaño con esta generación, pero el peso no aumentó, lo que ayuda a aumentar la agilidad con el nuevo esquema de suspensión, mayor batalla y vías. Se trata de un coche con aplomo a cualquier velocidad, no especialmente deportivo, pero con estabilidad muy conseguida que ofrece confianza al conductor, reacciones predecibles y un eje trasero poco aventurero. La suspensión es confortable, pero algo blanda para hacer una conducción dinámica. La única nota mejorable es la sensación artificial de la dirección eléctrica y el tacto de los pedales que necesitan un tiempo de aclimatación, sobre todo el sobre asistido freno.
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El motor 1.5 dCi en esta versión de 110 CV posee suficiente empuje para una conducción normal, con potencia para momentos puntuales correcta. Se nota perfectamente el salto respecto a la variante de 90 CV y es más aconsejable para todo tipo de condiciones. Además cuenta con una sexta marcha que, como he dicho antes, ayuda a ajustar mejor todos los desarrollos. No busca grandes prestaciones sino un afinado equilibrio entre el consumo, las bajas emisiones y la entrega de potencia y par. Se queda corto para rodar habitualmente a muy alta velocidad, ya que tiene que subir mucho de vueltas y los consumos se disparan, pero -según están las cosas hoy en día- manteniéndolo a velocidades a las que no nos quiten puntos (por debajo de 150 km/h) rueda con buena reserva de par para afrontar repechos o adelantar. Y siendo suaves con el acelerador, con 4,4 l/100 km y un depósito de 60 litros se pueden hacer muchos kilómetros sin repostar.
El interior del Renault Megane destaca por unas plazas delanteras con mucho espacio de anchura y altura, asientos correctos, así como buen remate de las superficies y tacto de los mandos. La combinación del cuadro con un reloj digital muy claro y otro analógico oscuro no me convence especialmente, pero es cuestión de gustos. La claridad de lectura sin embargo no ofrece dudas. Sufre de un mal cada vez más habitual en los coches modernos y es la visibilidad, sobre todo hacia atrás. A favor tiene las guanteras en el suelo, entre los asientos delanteros y un buen equipamiento de serie, en esta versión Dynamique por lo menos. Las plazas traseras son correctas, pero el maletero de 405 litros es amplio y muy útil con paredes planas y poco intrusitas.
¿Es preferible con cambio automático EDC o sin él?
Podríamos estar desengranando el Mégane durante muchas líneas más y hablar de sus cinco estrellas NCAP, etc. Pero lo que nos importa esta vez es si esta versión diésel de muy bajas emisiones y libre de impuesto de matriculación es aconsejable con el cambio automático EDC. El gasto de combustible no es una variable a la hora de tomar una decisión pues mantiene el mismo consumo combinado que el manual. Donde sí afecta es en las sensaciones de conducción y en el bolsillo pues cuesta 1.100 euros más.
Particularmente aconsejo esta versión, pues ofrece una conducción mucho más relajada, y aunque pierde un segundo en el 0 a 100 km/h, en realidad no es un coche para salir de los semáforos buscando la décima. Además, facilita hacer una conducción eficiente para aprovechar el bajo consumo del 1.5 dCi de 110 CV. Son 1.100 euros más, pero bien los vale nuestra comodidad, sobre todo cuando nos hemos evitado el impuesto de matriculación, quedándose a día de hoy en 20.570 euros gracias a un descuento de 2.200 euros en toda la gama Mégane. Un rival claro, el Seat León similar con 105 CV y cambio DSG, cuesta 22.748 euros ya que tiene que pagar el impuesto de matriculación por emitir 123 gr/km de CO2.
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